Capítulos 1 al 15
Allá por principios de siglo, en la ciudad de Lanús, se destacó un gran Maestro de la pintura llamado Leonardo González. Hoy tristemente olvidado, el Gran Maestro perdura en el alma de sus obras, las cuales algunas aún se conservan. Afecto a la historia de mi ciudad, supe de algunos documentos acerca de la genial obra de este pintor, del cual no había escuchado nada desde que nací, pero que se me reveló como un personaje enigmático que engalanó esta ciudad y que supo dejar una huella misteriosa que me atreví a investigar profundamente. Ideando un sencillo plan me prometí no terminar con la investigación hasta no haber llegado hasta las propias raíces de nuestro Leonardo.
El primer paso era tratar de conseguir del Archivo General Municipal de Lanús algunos documentos desclasificados que aportarían valiosa información del genio lanusense. Una tarde me acerqué hasta la Municipalidad con la intención de acceder al Archivo. Al llegar a la dependencia municipal, una mujer de unos 50 años me atajó y me preguntó dónde iba. Le contesté que simplemente quería acceder al archivo. Me respondió que ya era tarde, que estaba todo cerrado, que el horario de atención era de 8 a 12. Así me fuí masticando bronca y mirándola de reojo, mientras escuchaba a la señora gritarme a lo lejos " Juiiiiiíraaa"
Esa noche soñe con González rodeado de sus óleos y pinceles de pelo de camello, pintando quién sabe qué genialidad, una Mona Lisa vernácula o una Última Cena lanusense... Me desperté a las 6.30 y sin desayunar me fui al Municipio. Encontré una fila de gente en la puerta. En la entrada, la señora del día anterior. Me acerqué hasta ella y le pedí pasar al archivo.
Señora:-Sacó numero?
Yo: - No.
S: -Saque número por favor!
Y: Bueno, dónde lo saco?
S: Por la otra entrada, pero ya dimos los 100 números de hoy. Venga mañana.
Intuyo que verdaderamente debe existir en la persona de González un grandioso y complejo enigma. Algo que de revelarse puede cambiar radicalmente la visión de la realidad. Hay mucha voluntad de ocultar. Creo que la mujer de la municipalidad debe pertenecer a una Organización Secreta dedicada a cuidar de este secreto relacionado con Leonardo González.
CAPÍTULO II
Al día siguiente me levanté bien temprano y me fui a la otra entrada. Conseguí mi número. Ya tenía más de 50 personas antes que yo. Cuando la señora gritó mi número avancé.
S:Cincuenta y ochoooooooooooo, cincuenta y ochooooooooo, cincuenta y nuev...
Y: Yo, yo,.. acá
S: Para qué es?
Y: Para que es, qué?
S: No se haga el gracioso. Para qué es? -Será una clave?, pensé-.
Y: Disculpe pero no le entiendo.
S: Para que eeeeeees? A qué viene? Qué tramite viene a hacer?
Y: Ah! Vengo a ver el archivo.
S: Acá no hay ningún archivo. Cincuenta y nueeeeeev...
Y: No puede ser!!!Cómo que no hay ningún archivo?
S: Oiga usté no entiende el casssteyano? Le dije que no hay ningún archivo.
Y: Pero vengo a ver unos documentos...
S: Señor aqui no hacemos documentos. Registro Civil. Miguel Cané y Iberlucea. Abre a las 7. Seseeeeeeeentaaaaaaa, Sesentaaaaaaa!!!!
Y: No, ese tipo de documentos no. Documento históricos! Documentos antiguos!
S: Es lo que le digo. En el Registro Civil. Ningún documento tiene menos de 5 años de trámite... Sesentayuuuuuuuuu...
Y: Yo quiero ver cosas viejas!!! Antiguas!!! Caducas!!! Me entiende???
S: Sí señor, entiendo, pero el Señor Intendente no puede recibirlo en este momento y menos sin cita previa. Pase el mes que viene, de 7 a 7.15 a sacar número por la puerta principal. Chau
Evidentemente tendría que buscar otro modo de consultar esos documentos. Toda la Organización estaba en alerta y me cercaban el paso.
CAPÍTULO III
Pensé largo rato y busqué el modo de ingresar al Municipio sin que nadie me viera. Debía encontrar los documentos sin alertar a la Organización. En medio de la noche, intenté acceder por la puerta principal pero podía llegar a ser visto por unos cuantos veinteañeros que mientras se reían fuerte no dejaban de orinar las paredes. Decidí intentarlo por las puertas alternativas. Consideré que era propicio dar la vuelta a la manzana y entrar por la parte de atrás. Para mi horror me encontré que no había posibilidad de dar la vuelta y tuve que hacer casi 8 cuadras sumadas a las 12 que hice de más desde que me perdí en las diagonales que cruzan por ahí .Por fin llegué a los fondos del Municipio.
Me detuve, cansado de caminar y esperé sentado en el cordón de la vereda. Increíblemente la Municipalidad estaba diseñada de tal manera que aquél que quisiera encontrar un resquicio para encontrar la verdad de González terminaría perdiéndose.
Me quedé dormido por unos instantes. Me despertó un perro lamiéndome la cara con unos fideos pegados en el hocico. Espanté al animal y siguió tomando agua de la zanja por donde corrían unos pedazos de tallarines.
“Es tarde” -me dije y no me contesté nada. Raras veces me doy bola.
Me acerqué a una reja muy grande que cierra el estacionamiento. La examiné varias veces con la vista de un lado a otro y de arriba hacia abajo. Era verdaderamente infranqueable. Cerca de allí un sereno custodiaba en su garita. Supuse que saltar sería lo más apropiado. Así que levante ambos brazos y mientras cantaba “Salta, Salta, Salta, pequeña langosta” logré llamar la atención del sereno quien muy amablemente se acercó y me preguntó: “¿Qué mierda te pasa, pelotudo?”.
-¡ Necesito pasar al baño!-contesté casi automáticamente ( fue lo primero que se me vino a la mente)
- ¡Andá a cagar!
- Precisamente...
- Pero, acá no hay baño...
- Ah... ¿y adentro?- pregunté haciéndome el distraído.
- Adentro sí... dije que adentro sí....eh!... señor..., señor!..., muchachooo!, Eh!!! boludoooo!!!!
- Me habla a mí? (¡Qué bien me sale “el distraído”!)
- Sí idiota!
- Ah! Qué necesita?
- Adentro hay baño...
- Me deja pasar porfi?
- ¿Porfi? Oime... vos sos medio tarado, no?
- Déle don sea bueno...
- No lo puedo dejar pasar
- ¿Y cómo lo podemos arreglar?- pregunté sin hacerme el distraído para no quemar el personaje.
- No sé.
Saqué un billete de 20 pesos y al sereno le brillaron los ojos.
- Bueno, así es otra cosa – me dijo mientras abría un poco la reja-
Entré y detrás de mí sentí el crujir del portón cerrándose. Metí la mano en el bolsillo y saqué 50 pesos más y mirando a los ojos al sereno le dije:
-Tomá, ya que estás pagame el impuesto municipal. Le dejé la factura y los 50 pesos y me fui corriendo hacia el interior del edificio.
CAPÍTULO IV
Ingresé al propio Palacio Municipal, que de palacio no tiene nada y traté de ubicar algunos puntos clave, salidas por si había problemas, escaleras que accedieran a otros pisos, y el baño... (ahí me di cuenta que lo que le dije al sereno espontáneamente tenía su razón de ser).
El hall era amplio. Estaba absolutamente vacío a no ser por la presencia de dos policías absolutamente dormidos en unos sillones de la recepción.
En un escritorio vi dos cervezas vacías, un par de vasos y una caja de pizza.
Me clavé una aceituna que se había salvado de la masacre y la bajé con un taquito de cerveza medio caliente que había quedado en uno de los vasos. Tal vez esa fuese mi última cena.
Pasé sigilosamente por el pasillo central y traté de buscar algún cartel indicador, algo que me llevara al Archivo Histórico.
Puertas cerradas por todas partes. Ninguna se abría. Parecía como si nunca se hubieran abierto en realidad. Al final del pasillo una escalera me daba una leve esperanza.
Subí tratando de mantener el silencio. No pude. Seguía con malestar intestinal. Espero no haber alertado a nadie. Aunque si hubiera algún gastroenterólogo presente ,tal vez su instinto profesional me hubiese dado la cana.
Al final de la escalera, el segundo piso no ofrecía un panorama muy diferente de lo que había visto antes. Recorrí los pasillos laterales y el central. Puertas cerradas y escalera al final. Todo igual. Tal vez el tercer piso me ofreciera alguna posibilidad distinta.
Ya cansado llegué al piso 3. Mientras trataba de descansar un poco en una silla traté de observar todo a mi alrededor. A lo lejos, en una pared, apenas leía algo. Letras difusas. Parecía que era un cartel escrito a mano. Forzando la visión me iban apareciendo las letras “ar”, “c”, “i” “hist”, “ric” y como en un rompecabezas las piezas iban armándose en mi mente... ¡“Archivo Histórico”!¡Lo había encontrado!. Me olvidé del cansancio y corrí alocadamente. Al llegar me desilusioné nuevamente. Algún empleado despechado había escrito “García Histérica”.
La Organización sabía guardar los secretos muy profundamente. Pero ya a esa altura no iba a claudicar en mi lucha. Leonardo González no iba a quedar condenado al olvido ni a la ignorancia de su pueblo
CAPÍTULO V
Llegué hasta el último piso del edificio y no encontré nada. Ni una pista. Era como si al Archivo se lo hubiese tragado la tierra.
-Eso mismo!- me dije - ¡se lo tragó la tierra! (esta vez me di bola)
Suponiendo que la Organización guardaba sus secretos tan profundamente, tal vez hubiese algún sótano en el edificio y allí estaría el Archivo.
Bajé todas las escaleras que pude. Otra vez la planta baja. Debía buscar alguna entrada a un sótano. Camine a tientas dentro de un oscuro corredor al final del pasillo. Al final del corredor una puerta era la última esperanza. La abrí casi entrecerrando los ojos como no queriendo desilusionarme si mi pálpito fallaba y este no era el lugar.
Abrí bien los ojos y lo vi. No, no era el Archivo. Era un baño.
- Disculpe señor Intendente, no sabía que estaba usted – dije mientras iba empalideciendo y saliendo muy despacio.
- Pibe... vení acá.
Sentí que era mi final. Me imaginé rodeado de tres guardias con olor a choripán que mientras me pegaban cantaban la Marcha Peronista en jeringozo. “Copombapatipiendopo alpa capapipitalpaaaaa...”
- Pibe! Te estoy llamando!
- Eh...? Ah! Sí que necesita Señor Intendente.
- Me quedé sin papel... traeme un rollo, pero de los que raspan bien que esos que parecen acolchados que compraron no sacan nada y encima se rompen y se te pasa el dedo para el otro lado...
- Ah.... sí... bueno... ¿Dónde hay?
- En el archivo...
- Y dónde está el Ar...chi...vo?
No podía creer en mi suerte. El mismísimo Intendente me iba a revelar la locación del tesoro mejor guardado de la Ciudad.
CAPÍTULO V
El Intendente me miró y su cara se fue transformando, casi se enrojecía. Sus pupilas se dilataban y sus ojos se hinchaban. La expresión parecía ir mutando de un estado de relajación a un estado de furia. Era como una caldera a punto de estallar. – Uy! se dio cuenta... – Pensé. Ya me imaginaba al Intendente haciéndome un interrogatorio extensísimo que abarcaría desde la pregunta ¿ Que hacés acá? hasta ¿Cuál es la composición demográfica de Burkina Faso?
El rostro municipal se iba casi tornando morado hasta que finalmente sucedió.
-Aaaggrrhhh ... aaaaaaaaaaahhhh!!!! Exclamó en un sórdido alarido.
-Me faltaba uno más, anoche comí queso como un ratón de fonda y estoy algo constipado. – Dijo el Intendente mientras volvía a su tonalidad grisácea de siempre.
-Dale pibe, dale, andá a buscarme el papel. El archivo está saliendo del corredor al fondo hay una puerta, y allí una sala que tiene otra puerta, bajás la escalera y ahí está.
-¡Sí señor! –dije mientras salía corriendo.
El archivo ya estaba a mi alcance. Descubrir el misterio del Gran Leonardo era cuestión de tiempo y paciencia..
CAPÍTULO VII
Salí al corredor, busqué la puerta de la sala y allí estaba la otra puerta de la que habló el Intendente.
Abrí despacio busqué a tientas alguna llave de luz y cuando la encontré la prendí. Bajé la escalera apresuradamente. Los escalones eran de madera y crujían a mi paso mientras se levantaba un polvo acumulado por años.
El olor era el típico de los sótanos. Humedad, frío, mugre. Todo eso y un secreto.
Decidí buscar el papel y llevárselo al Intendente antes que se impacientara y mi demora levantara le perdiz.
Volví y entreabriendo la puerta del baño le tiré un rollo al Intendente que me esperaba adentro.
Escuché un “glub” y varias puteadas. Salí rajando y volví al archivo. Cerré la puerta tratando de no hacer ruido y la trabé desde adentro.
Ahora sí tenía todo el tiempo y el material a mi disposición. Tenía una cita con el Maestro Leonardo González y su misteriosa historia allí mismo en el sótano de la Municipalidad.
CAPÍTULO VIII
Comencé a mirar un poco el archivo. A decir verdad no era gran cosa. Me imaginaba algo muy ordenado y clasificado con bibliotecas y estantes, vitrinas y otros muebles. Nada que ver!. Era bastante desordenado, había papeles tirados por todos lados, varias cajas P.A.N. apiladas, afiches con la foto del Intendente que debía ser de la época que estaba en la colimba porque se veía muchísimas décadas más joven. En fin, era un desastre. Pero había que encontrar algo. Algo que le devolviera la vida y la gloria al maestro Leonardo. En un rincón encontré una caja que llamó mi atención. Quité un poco el polvo acumulado y encontré miles de boletas electorales de Herminio Iglesias. No. Nada más lejano de lo que yo estaba buscando. Contra un pared había un escritorio un poco desvencijado, sobre el cual había apoyadas cientos de cosas. Traté de despejarlo un poco y lo alejé de la pared para poder verlo bien. Era un escritorio antiguo, bastante roído y con signos evidentes de deterioro por la humedad. Me costó un gran esfuerzo abrir el cajón que se empeñaba por quedarse en su lugar. No había nada importante: una pluma para escribir, un tintero de los viejos, unas tarjetas personales, monedas, papelitos y otras cositas sin ningún valor.
La verdad me estaba empezando a decepcionar. No quería pensar que todo el esfuerzo estaba resultando inútil. Me quedé pensando. Casi en una especie de ensueño. Como esos momentos donde uno se queda con los ojos abiertos y la expresión petrificada hasta que algo nos devuelve a la realidad. Así estaba. No sé que fue que me hizo retornar pero me encontré jugueteando con una de las tarjetitas del cajón. Sólo tenía un nombre: Aldo Lorenzo Zenga.
Alguien tan intrascendente sería que ni siquiera consignaba un cargo, una profesión. Ni siquiera un domicilio!. Guardé la tarjeta en mi bolsillo y traté de encontrar registros, libros de actas, algún documento que me devolviera las esperanzas. Pero nada. El Maestro se empecinaba en esconderse. La Organización había borrado todo rastro.
Ya no había mucho tiempo. A esa altura calculé que serían las 6 de la mañana y el Municipio iba a comenzar a explotar de gente de nuevo. Tenía que irme sin ser visto. Pronto podría volver a hurgar en ese horrible sótano. Salí sin demasiados problemas a esa hora los encargados de vigilancia dormían como angelitos.
CAPÍTULO IX
Llegué a mi casa y me sentía terriblemente cansado. Sólo pude sacarme los zapatos antes de morirme en la cama. Se me empezó a nublar la visión y casi sin darme cuenta caí en un sueño profundo.
Comencé a soñar distintas cosas. Por no abundar en detalles enumero los sueños brevemente y luego describo el que aquí me interesa contar.
1) Gerardo Sofovich en camiseta y shorcito y trescientas termitas a su alrededor.
2) Pamela David.
3) Un helado gigante y yo sin cucharitas.
4) Pamela David.
5) Un burro naranja. (Rarísimo, sí)
6) El burro y Pamela David!!!( Son sueños viejo, no es mi culpa!)
7) Ahora sí el sueño que quiero contar: Estaba yo sentado en una habitación toda oscura y con una sola luz débil sobre mi cabeza. Metía las manos en el bolsillo y encontraba un papelito blanco con algo pequeñísimo escrito. Cuando quería acercármelo a la vista la débil luz resplandecía como el mismísimo sol y me impedía ver. Al alejarlo volvía a ser tenue. Así sucedía una y otra vez hasta que volvió Pamela David y me desperté.
Mientras volvía a la realidad y me secaba la baba de la comisura de la boca, recordaba este sueño. Bueno en realidad recordaba más los otros, pero este era raro para mí. Sí mas que el burro naranja. No lo comprendía. Metí la mano en mi bolsillo y busqué la llave de casa para salir a comprar cigarrillos. Ahí me dí cuenta de algunas cosas importantes:
a) No sabía dónde carajo había dejado las llaves.
b) Hace un año que no fumo.
c) Encontré una tarjetita que decía Aldo Lorenzo Zenga y que la había llevado del cajón del escritorio del archivo.
“Aldo Lorenzo Zenga” - me repetía una y otra vez. Quién sería? Busqué en la guía de teléfonos alguien con ese apellido y no existía nadie.
Esto debía ser una señal.”Aldo Lorenzo Zenga”
Ahí fue que se me armó el rompecabezas en la cabeza ( valga la redundancia ). La “L”, las dos “Z”, la “G” más acá, una “E”, la “D”... Sí!!! Era un anagrama!!! Las letras desordenadas de Leonardo González!
(Acá termino este capítulo para que se tomen el laburito de reordenar las letras y comprobar lo que digo, ya que me rompí el tujes inventando el nombre. Y sí, el apellido es horrible pero hagan memoria y van a ver que el arquero de la selección de Italia de fútbol del 90 se llamaba así. Chau)
CAPÍTULO X
Un poco más recompuesto de mi aventura, pude pensar claramente. Si esa tarjetita tenía algo que ver con Leonardo González, en ese archivo debía haber más datos. Volver a la Municipalidad era riesgoso ya que mi presencia no debe haber pasado inadvertida, aunque tampoco se hayan percatado mucho de que estuve ahí. Tenía que esperar un tiempo para volver y tratar de conseguir pistas.
Me propuse tomarme una semana para volver. Mientras tanto elaboraría un plan metódico, teniendo en cuenta todas las variables posibles: problemas posibles, modos de franquear la entrada, dónde llevarme lo que encuentre, pago de sobornos, dibujarme un plano de los lugares donde había estado, recordar nombres y caras de posibles personas a enfrentar, logística, etc.
Como siempre hago en estas ocasiones me dije: “es mucho quilombo” así que no hago un carajo y que sea lo que Dios, Alá, Jehová y Osiris se les cante.
Así de tranquilo me fui a pagar el gas al Banco Provincia. Eran las 9 y media y ya estaba por abrir.
CAPÍTULO XI
Cuando llegué al banco pensé que regalaban algo. Había una fila larguísima llena de jubilados, amas de casa y pibes con auriculares.
A las 11 y cuarto entré al edificio de ese maldito banco. Un panorama poco alentador había adentro. Una cola para pago de impuestos y servicios, otra de jubilados y otra para depósitos. Cada una tenía gente como para armar un piquete en el puente Pueyrredón ida y vuelta.
Me puse en la fila de impuestos y servicios y avancé 2 metros por hora. El cajero finalmente me atendió y entre sello y sello escuché que desde la caja para jubilados el cajero llamaba “ Gonzáaalez... Leonardo Gonzáaaaleeez” . mi corazón se desbocó y empecé a mirar para todos lados buscando el destino de ese llamado. Quizás también mi propio destino. De entre la fila de jubilados salió un viejito no muy alto, con una gorra de corderoy marrón, un bastón de madera sin lustre y aspecto descuidado. Sería el Maestro? Imposible que estuviera vivo!. Recogí mi boleta de gas pagada y me olvidé el vuelto. Salí casi corriendo atrás del viejo que se iba a caminado despacito guardando unos billetes en su bolsillo.
-Señor!!! –Le grité pero el viejito no me escuchó. Insistí:
-Señor!!! -Nada.
Me le planté enfrente.
-Disculpe señor. Usted es Leonardo González?
-Come diche? Respondió el hombre.
-Es usted Leonardo González?
-É... sono ío...
-Disculpe, pero González es un apellido marcadamente español y usted tiene un acento italiano inconfundible...
-Vió usté... ante non lo tenía... a medido que me fui voltando viequito se mi foui poniendo este achento de vieco di mierda que non posso sacármelo. Pareche que en este paíche di merda tutti le viequite tienen queste achento.
-Estoy realmente sorprendido...
-Mutazzione...
-Usted se preguntará por qué lo molesto. Es que escuché al cajero...
-Ah el “espresso” – me interrumpió -
-Cómo dice?
-El “espresso”!!!
-Le dicen “el expreso”? No ha de ser por la velocidad!!! La verdad que tardan un siglo en atender...
-Non figlio!!! El espresso!!! Questo bambini estuvo presso en la cárcel de Caseros due anni e dopo salió por buen conducto.
-Salió, por “buena conducta” querrá decir.
-No!!! Idiota! Salió por buen conducto. Hicieron un túnel espetacolare e se fugaron veintichincue reclusos!
-Bueno, le decía que lo escuché al cajero llamarlo y... como explicarle... estoy buscando una persona que se llama igual que usted. Era pintor...
-Entonche non mi rompa las pelotas que ío non tengo nada que vedere con queste stronzo.
Sin mediar más palabras, me cagó a bastonazos en el hall del banco y se fue puteando.
Terminé casi arrodillado en el piso. Mientras intentaba revisarme si tenía todos los huesos sanos, descubrí en el suelo un papel. Era el recibo de la jubilación. Tenía solamente el nombre y el número de documento. Ningún otro dato. Tal vez me sirviera de algo. Lo levanté sin demasiadas esperanzas y me lo guardé.
CAPÍTULO XII
Ya en casa, me puse a pensar cómo podía hacer para obtener algún dato que me sirva de ese bendito recibo de jubilación.
Un número de documento no era demasiado pero podía darme algunas claves averiguando en los lugares correctos.
Recurrí a un viejo amigo que trabaja en el Ministerio del Interior para que me averiguara en los padrones electorales algunos datos más.
Tras una semana de espera mi amigo me dio algunos datos más. Leonardo González había nacido en 27 de septiembre de1872! Su último domicilio registrado era Pasaje Terranova sin número, Lanús.
Había, sin duda, muchas cuestiones que no encajaban. El viejito que me encontré en el banco no podía ser el verdadero Leonardo. Esa calle no existe en los mapas de Lanús. Además, no sólo no tiene número, si no que de haber existido no dice si es Lanús Este u Oeste.
Verdaderamente, el misterio de Leonardo González se agigantaba a cada paso pequeño que mi investigación iba avanzando. Un gran misterio hundido en la historia y en el silencio de una Organización perfectamente aceitada para evitar que se revele el verdadero significado de nuestro Maestro de Lanús. Sólo puedo pensar en qué podrá ser aquello que esconde. Cuál será el motivo de tanta oscuridad? No tengo respuestas aún, pero sé que lo voy a descubrir.
Para eso era hora de ponerme a trabajar más intensamente.
CAPÍTULO XIII
“Pasaje Terranova”. Verdaderamente ese pasaje no existía en ninguna de las guías de calles que tengo. Ni siquiera hay humano de esta ciudad que sepa si es el antiguo nombre de una calle actual.
Nuevamente mi destino era la Municipalidad. Era increíble ver cómo iban repitiéndose algunos escenarios. Era como desenrollar una madeja muy bien armada y minuciosamente meditada. Eso me daba aliento. Debería estar desandando el camino correcto.
Ya eran las 10 de la mañana y no podía esperar a sacar un número, hacer la fila, esperar que la empleada me llame a los gritos, etc.
Necesitaba urgente encontrar planos antiguos de calles, actas de nombramiento de ellas, o disposiciones que hayan modificado su denominación.
Sin demoras corrí hacia el supermercado cercano a mi casa. Compré un paquete de 4 papel higiénico y volé a la Municipalidad.
Al llegar escucho a la mujer de la puerta peleando con un hombre que intentaba entrara a hacer un trámite...
Aprovechando el disturbio me colé por el costado tratando de entrar sin ser visto por la regordeta señora.
-¿A dóoooonde váaaaaaaaaaaaaaa? Me gritó desencajada
-El Sr. Intendente me mandó comprar papel higiénico del acolchadito, porque dice que el otro le raspa como un puercoespín.
-Ah, está bien pase... apúrese!
La treta había funcionado. Ahora tenía que ir a buscar los planos de calles pero primero había algo que hacer.
Corrí hacia el final del corredor mientras sacaba un rollo de papel. Al llegar a la puerta la abrí apenas como para que pase el rollo y mi brazo. De adentro escuché decir “ gracias pibe, menos mal que trajiste el acolchadito, el otro me raspa que parece una lija” hice con el brazo un movimiento pendular, conté hasta tres y lo largué. Al escuchar el “glub” y las puteadas sabía que el éxito estaba asegurado.
CAPÍTULO XIV
Me apresuré a ubicar el pasillo para subir hasta el segundo piso. Sabía que ahí se encontraba el sector que manejaba la información referida a cuestiones de planeamiento de la ciudad.
Ingresé con aire sigiloso. Al abrir la puerta me encontré con un gran mostrador, unos 5 escritorios y varias personas conversando y tomando mate.
Aprovechando que nadie giró la cabeza para mirarme, inspeccioné un poco el lugar con la mirada. Sobre el fondo de la sala había estantes con cientos de carpetas. Varias estanterías más se ubicaban a la derecha y a la izquierda, quitándole al lugar bastante luz. De mi lado derecho algunos mapas antiguos de la ciudad adornaban la pared. Me acerqué a observar. Intenté encontrar el dichoso pasaje pero los nervios me nublaban la visión. Traté de calmarme pero era imposible, me sentía muy expuesto.
-Delincuente!!! Escuché tras de mí. Me puse pálido.
-Delincuente de primera categoría!!! Qué hacés?!
Me dí vuelta mientras sentía que la camisa se me mojaba en transpiración.
Al verlo casi me desarmo del alivio. Era el Ruso Tardovich un compañero de la escuela industrial.
-Ho... ho... ho... la Ruso - le dije tartamudeando .
-Cómo andás delincuente?
-Je – pude decir mientras me secaba la frente con la manga de la camisa.
-Qué es de tu vida? Atorrante!!! Ché!! Miren!!! Es Martínez!!! El Gallego!!! El boludo que les conté que se llenó el ojo de limadura de acero en el indutrial!!!
El resto de los empleados alzaron la vista y me miraron meneando la cabeza de lado a lado y mientras se mordían el labio inferior me miraban con la cara típica de “qué boludo!”
-No Ruso, ya te dije mil veces que fue el hincha pelotas de Álvarez que me sopló en la morsa y...
-Andáaaa si siempre fuiste un boludo!!! Ché vengan a saludar al boludo!!!
-Oíme Ruso, necesito un favor
-Pero boludo lo que quieras!!! Decime qué necesitas?
-Acá tienen datos de calles?
-Qué, te perdiste? No ves que sos un boludo? Ja ja ja
-No, no Ruso. Estoy tratando de averiguar donde está un calle que cambió de nombre.
-Ah bueno. Decime que te la busco en el sistema.
-Pasaje Terranova se llamaba.
-Esperame
El Ruso Tardovich se fue hasta el fondo y de una estantería sacó un libraco grandote, antiguo y polvoriento. Lo limpió un poco y lo revisó. Pasó algunas hojas y volvió.
-No che. No hay ninguna calle.
-Pero... no me dijiste que lo ibas a buscar en el sistema?
El Ruso me miró serio por primera vez en su vida. Hizo un silencio que me pareció eterno. De verdad me sentí contrariado y a la vez asustado. Estaría el Ruso también complotado? Sería parte de la Organización?
Me puso una mano en el hombro y me dijo.
-Te lo creíste!!! No ves que sos muy boludo??? Vos te pensás que acá tenemos un sistema!!! Ja ja ja!!! Qué boludo!!! Ja ja ja. No ves que no hay una sola computadora? Pero mirá que sos boludo, eh!!! Ja ja ja.
A esa altura no sabía si cagarlo a trompadas, irme a la mierda o quedarme a intentar encontrar esa calle.
Conté para adentro hasta seis ,porque al diez no llegué. Lo agarré de la solapa de la camisa y le dije: - Oíme infeliz, si no me ayudas te juro que cuento cuando la encontramos a tu novia con tres flacos del Centro de Estudiantes en plena joda y vos llorabas como Grecia Colmenares con conjuntivitis. El Ruso, que era bastante colorado, quedó como para ganar el “Desafío de la Blancura”
-Galleguito, lo que necesites, estoy para ayudarte... cómo le voy a negar la ayuda a un tipo tan piola como vos... me extraña che! Pasaje cuánto me dijiste?
CAPÍTULO XV
El Ruso se puso a mi disposición como nadie. Buscamos juntos en las actas de cambios de nombres de calle, en las ordenanzas municipales, en las sesiones del Consejo Deliberante, pero ninguna pista de Pasaje Terranova.
Era increíble. Lejos de desalentarme en la búsqueda el saberme tan distante de las evidencias, me indicaba que iba por buen camino y eso me daba fuerzas para continuar.
-No hay nada che. Dijo el Ruso- Revisé los documentos de los últimos 50 años y no existe. Está seguro que es en Lanús?
-No, no estoy seguro
-Qué bo... que broblema – disimuló
-Sólo tengo el nombre, ni siquiera sé si es de Lanús Este u Oeste.
- O de ninguno de los dos ja ja ja - bromeó el Ruso mientra yo lo miraba con la misma cara que me habían mirado sus compañeros
El pasaje no existía ni en planos ni en documentos. Debía haber desaparecido, como si fuese una calle fantasma.
Y si realmente había desaparecido? Si no era un simple cambio de nombre? Mi mente se iluminó. El Ruso podría estar acertado, tal vez no fuese de ninguno de los dos.
-Ruso, cuándo se construyó la Estación?
-Por lo que yo sé, se construyó en 1901 y en 1912 la ampliaron 12 metros para agregarle vías. Incluso tuvieron que correr algunas calles.
-Hay planos de la obra?
-Creo que sí, pero los tenemos en otro lado. Ahora te los busco.
El Ruso tardó unos veinte minutos, pero al volver trajo unos cuantos rollos descoloridos y con un olor a humedad penetrante.
Abrimos el plano y pude ver que sobre el trazado de la antigua estación se había delineado la ampliación. Allí muy pequeño en lo que hoy sería la vía del tren había un Pasaje que tendría unos 15 metros ( ya le habían arrancado un pedazo antes) y que apenas visible en letras marrones se leía "Terranova".
Lo había encontrado!
Terranova. En italiano significa Tierra Nueva. Tal vez fuese una señal. La búsqueda de una historia que hiciese salir a la luz una nueva visión sobre mi ciudad, que le diera un nuevo sentido nuestras vidas, que nos convirtiera en una Nueva Tierra.




